martes, 15 de noviembre de 2011

Dolores - Disco Póstumo (2.011)

Si la perversión fuera un fonema, debería ser el sonido desgañitado de un dolor expresado con la onomatopeya más tétrica jamás pensada. No porque necesitemos de mayores apelativos para definir la oscuridad, los entramados perversos, los axiomas de paráfrasis ciclotímicas, no. Más bien por comprender las fases del dolor desde la peculiar perspectiva de un ejercicio que esquiva lo cósmico y entra a formar parte de una mecánica narcisista, esquiva, magullada, oscura pero luminosa al fin. Una suerte de banda sonora temática de lo que debía haber sido Melancolía: partes diferenciadas tremendamente confesionales sobre el verbo, lo sensitivo, la reacción, la aceptación, el temblor, lo posterior. Dolores debutan en largo pero, curiosamente, no con lo puesto ni lo impuesto, sino con uno de los mejores tratados de pop ochentero post-punkero pero accesible, sin caer (como viene siendo habitual) en las marañas psico-instrumentales que acaban creando una tela de araña imposible de romper. En este caso, Disco Póstumo es una bomba de relojería que podría haber sido parida por Eduardo Benavente, Poch o José Luis García, pero convirtió su origen en un ejercicio revival, preciso, hiriente y herido. Pupas.

Parece hecho a posta. Una vez que toda aquella ola de bandas madrileñas y foráneas orgullosas del post-punk, de las oscuridades de la new wave, del pop gótico de The Cure y Echo and the Bunnymen han decidido, en su mayoría, tomarse un receso como es el caso (en tonos más seriotes) de Nudozurdo, Havalina, CatPeople o La Débil, (en tonos más paródicos y estáticos-estéticos) de Los Punsetes, Los Directivos o La Bien Querida, (en tonos más vitamínicos) de Juanita y los Feos o (en tonos más mestizos) de Pony Bravo, Dolores van y abren la puerta en medio de la siesta. Disco Póstumo utiliza esa estética mimada, gótica, gruesa, de ritmos firmes casi mecánicos, bebiendo tanto de aquella new wave y post-punk marca británica como de ciertos complejos formalizados en algunos proyectos tóxicos de los ’90 como Nine Inch Nails, Garbage o Hole, entre otros, y el ejercicio supera lo resultón. Esa patente de corso robada a Parálisis Permanente, Patrullero Mancuso, La Dama se Esconde o Viuda Gómez e Hijos es la que imprimen en auténticos singles como Cortafuegos, Cocodrilos de Marfil o KDR, auténticos bastiones de un elemento que eleva a Teresa Cobo en la perfecta mezcla entre Siouxsie Sioux, la Christina Rosenvinge de Los Subterráneos, Isa Cea de Triángulo de Amor Bizarro (en Cocodrilos de Marfil parece ella, de hecho) y Ariadna de Los Punsetes: una meta-artista (además de que lo es: se encarga de firmar esas pinturas góticas tan sugerentes del arte de la banda) que colisiona su expresión estática con un método para contar las cosas que la acerca más a un día de verano que a la noche de Halloween. Incluso hay espacio para entender guiños industriales (Temblor), escarceos semi-grunge (Nicho / Loft), coqueteos con el synth-pop más nervioso (Volcán) y reversiones al legado de Robert Smith y los suyos (La estructura de las revoluciones del año). Disco póstumo no sé, pero uno de los dos o tres debuts del año, fijo.

Descargar: Origami Records
Escúchalo en: Bandcamp
Reseña de: Alan Queipo (para Notodo.com)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...