Mientras sus compatriotas U2 y Simple Minds tocaban en estadios, Echo and The Bunnymen hacían giras por las islas de la de la costa oeste de Escocia. Ocean Rain demuestra qué era más gratificador. Épico y romántico, pero menos críptico que entregas anteriores, el álbum casi justificaba la irónica afirmación de que eran la mejor banda del mundo.
Grabado en los románticos alrededores de París, utilizó una orquesta para añadir violines y toques decorativos. Por primera vez la batería de Pete de Freitas sonaba más suave. Ian McCulloch cantaba y tartamudeaba de vez en cuando letras que daban paso a la ternura y la poesía.
La orquesta añadió algo más que lujosos violines: el dinamismo es el alma de Ocean Rain. Sus altos y sus bajos se ejemplifican en Thorn of crowns, con McCulloch aullando y gimiendo sobre un fondo turbulento, y el épico rock con cuarteto de cuerda del corte del título.
La confianza con que fue plasmado significa que Ocean Rain soporta mejor el paso del tiempo que cualquier otro álbum de Bunnymen.
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Reseña de: Mark Blacklock





























