miércoles, 22 de diciembre de 2010

¿Por qué me exiges que te compre tu disco?

¿Qué te hace pensar que si me fuera imposible descargarme tu disco me lo iba a comprar? Es una pregunta que me gustaría formular a aquellos músicos que izan la bandera de la lucha antipiratería. Músicos que, en algunos casos, no se merecen tal calificativo profesional y que curiosamente suelen ser los niños mimados de la industria, aquellos en quienes las discográficas destinan importantes partidas para promoción.

A pesar de todo, estoy de acuerdo en una cosa con dichos músicos: La propiedad intelectual merece ser retribuida. Ahora bien, la industria musical, anclada en el siglo XX y aferrada a un modelo de negocio caduco, destina gran parte de sus esfuerzos en criminalizar al “pirata” cuando lo que debería hacer es adaptarse a la era digital. La pregunta que la industria debería hacerse no es como conseguir que la gente compre más discos sino cuales son los contenidos por los que los consumidores están, hoy en día, dispuestos a pagar, y en que modo.

No puedo evitar recurrir al típico “la mayoría de grupos es en los conciertos donde realmente sacan dinero”. A raíz de ello no son pocos los grupos que han optado por autoeditarse sus discos, en una clara estrategia para llegar a cuanta más gente posible e incrementar sus ingresos por conciertos o merchandaising. Aun así, y a pesar de Internet, los grupos nuevos lo tendrán igual de difícil que hasta ahora para llegar a un público amplio, más que nada por la saturación. Pondría un símil con Las Vegas, ubicar un cartel con luces de neón en la puerta de mi casino no le va a dar una presencia privilegiada, simplemente conseguirá que no pase totalmente desapercibido. Esto me hace pensar que a lo mejor Internet va a suponer el fin de la cultura de masas y que el futuro de la explotación cultural, como negocio, pasa por enfocarse a nichos.

En cualquier caso, sea cual sea el futuro, algunas compañías como Apple con su iTunes o Spotify con su servicio de streaming ya se han posicionado. Aparecerán más, no cabe duda, y seguramente con nuevas propuestas innovadoras, pero el problema no está solo en la explotación como tal, sino en la propia estructura interna de, llamemosle, la cadena de montaje: Estoy convencido de que hay algunos intermediarios entre el músico y yo que aportan un valor mínimo a la cadena, intermediarios que a mi modo de ver deberían desaparecer o, cuanto menos, modificar su papel. Seguro que así comprar una descarga digital no nos sale casi tan caro como si hubiéramos adquirido una copia física.

Una última pregunta: ¿todas esas organizaciones e instituciones que se creen los salvadores de la música, y que están tan preocupados por la venta de discos, no deberían mostrar mayor interés por apoyar y favorecer a los nuevos proyectos musicales?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...