Bajo el título Cuando el destino nos alcance era publicado ayer el cuarto disco de los geniales Lori Meyers. Un album que en principio iba a ser grabado en Motril pero que finalmente se realizó en Los Angeles con el productor Sebastián Krys.Tras el éxtio de su anterior trabajo, Cronolánea, lo más cómodo para estos granadinos hubiera sido hacer un disco en la línea de lo que les ha funcionado hasta ahora, asegurándose un cierto éxito. Sin embargo han dado un paso adelante tratando de avanzar artísticamente como proyecto musical. Renovarse o morir, que se dice.
El resultado ha sido un acercamiento definitivo a la electrónica con la presencia de samplers y arreglos ochenteros y con el teclado como elemento central de la composición de la mayoría de las canciones. Un disco más bailable que los anteriores, que mantiene las melodías y estribillos pegadizos propios del grupo pero que muestra una perdida notable, demasiada para mi gusto, tanto de presencia como de fuerza en las guitarras. Destacar además que en esta nueva entrega han tratado de componer letras de mayor calado. De todos modos, el cambio no nos coge por sorpresa, ya que es algo que el grupo ya había avisado y que quedaba claro con la canción Mi realidad que fue adelantada hace tiempo.
En definitiva, una apuesta valiente que sin duda no dejará indiferente a sus incondicionales y que dará lugar a opiniones muy distantes entre quienes aplaudan enormemente este nuevo rumbo y quienes no estén de acuerdo con que hayan abandonado ese pop guitarrero que tan bien saben hacer. Hacia el segundo grupo de los mencionados me inclino yo, pero dado que Lori Meyers es uno de mis grupos favoritos del panorama indie nacional confío en que con más escuchas este disco acabe enganchándome (casi) tanto como el resto de su discografía. Lo que sí que tengo claro es que estas nuevas canciones en directo van a ganar mucho.
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